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I Congreso Nacional de Acompañamiento Terapéutico – ¿Qué es el AT?

octubre 02, 2012 − by admin − in I+D+I − No Comments

El 19 de octubre comienza el I Congreso Nacional de Acompañamiento Terapéutico. Este modelo que está muy presente en Latinoamérica llega formalizado a España con este Congreso. Pero, ¿qué es el Acompañamiento Terapéutico? Alejandro Chevez, presidente del Congreso nos lo explica en este artículo.

El Acompañamiento Terapéutico (en adelante AT) es un dispositivo clínico que centra su intervención en el vínculo y la relación con el paciente y su red social personal, siendo tributario del Psicoanálisis, la Psicología Social y la Psicología Sistémica. Si bien no dispone de un conjunto de estudios empíricos como el TAC, treinta años de práctica legitiman su implementación como intervención en el campo social comunitario. El AT es una respuesta a la búsqueda de recursos alternativos, para el abordaje de pacientes que requieren una modalidad de atención que contemple la necesidad de una presencia institucional, tanto en la vida cotidiana como en la inmediatez de una crisis. Puede considerarse como un dispositivo clínico instrumentado dentro de la teoría de las Redes Sociales (García y Ramirez, 1995), con la intención de expandir el terreno de lo terapéutico desde la clínica, a través de la institución, en los tiempos libres, en la calle y en el domicilio del paciente (Zaldúa, 2000). En este sentido, definimos el AT como un “dispositivo de baja exigencia, no directivo, que desde una perspectiva clínica y socio-comunitaria brinda atención y apoyo a familiares y usuarios ambulatorios, en espacios públicos o privados, individual o grupal, promoviendo la participación y la autonomía del usuario en la toma de decisiones acerca de su tratamiento, sea éste en el ámbito de la prevención, la asistencia o la inserción social”.

Pensar el AT, como dispositivo asociado a estrategias y planes de salud significa introducirnos de pleno en el ámbito sociocomunitario, y extender el marco de lo entendido tradicionalmente como “lo terapéutico” a un “más allá” de las puertas de la institución.

Su intervención será aconsejada en casos de aislamiento social, enfermedad mental crónica y drogodependencias (Seidmann y Muchinik, 1998), sobre todo en aquellos casos en los que el usuario no dispone de los recursos necesarios (físicos, psíquicos o sociales), para acceder a los recursos sanitarios regulares de forma autónoma y sostener su tratamiento en el tiempo.

Más detalladamente, acompañar no significa “seguir” (en el sentido de un seguimiento como se piensa en el “acompañamiento social”), tampoco es “mediar” (en el sentido de la “mediación sociocomunitaria”), estos enfoques quedan atrapados en su formulación en la representación del acompañamiento como presencia. Mientras que, es en el registro simbólico de las presencias y ausencias del acompañante, en el tiempo de una espera transversal al del contexto, que instiga al usuario a su normalización, donde se produce el registro de la compañía. El acompañamiento es irreductible a una intervención particular, pero es sensible a todas ellas.

Por eso decimos que el AT ocupa un lugar intersticial entre dos dimensiones:

1) Dimensión Transaccional: en el sentido de que su posición varía en función de la negociación que se haga con cada una da las partes en juego en cada momento, por lo que se ubica en el centro de una lucha de intereses.

2) Dimensión Transicional (Kuras de Mahuer y Resnisky, 2004): su trabajo no es propiedad del paciente, de la familia, del terapeuta o de la institución tratante, sino que es un tiempo de tránsito entre un momento y otro, un tiempo y otro, una espera, que se construye junto con el usuario.

El dispositivo de AT constituye, dentro de la cotidianeidad del paciente, “una red artificial temporal” similar a lo que Erickson define como “sistema sustitutorio por tiempo limitado” (Erickson en Haley, 1994). Su función es sostener el encuadre continente del tratamiento fuera de los espacios propiamente terapéuticos, mientras el paciente reconstituye su red o se estabiliza en el tratamiento. Al mismo tiempo, cumple una función de “andamiaje”, potenciando el desarrollo progresivo de las posibilidades del paciente.

De modo que tenemos al Acompañante y el Acompañado, relacionándose y compartiendo experiencias en casa del paciente, calles, parques, cines, etc. Este tipo de inserción abre todo un campo de intervenciones junto al paciente, utilizándose los potenciales terapéuticos de su vida cotidiana (Manson, Rossi, Pulice et al., 2002).

Va delineándose así un rol específico para el AT, diferente al del Psicólogo, el Trabajador Social o el Enfermero. Estos tres siempre relacionados al ámbito interno de la institución.

En síntesis, un Acompañante Terapéutico es “un agente de salud socio-comunitario al servicio de una intervención clínica”.

Esta definición incluye dos cuestiones clave: en primer lugar, la palabra “agente” proviene del latín “agĕre” que significa hacer u obrar, es decir agente es aquel que obra o tiene virtud de obrar, que produce un efecto o que obra con poder de otra. Este punto resulta fundamental, ya que un acompañamiento es “en tanto se hace con cada paciente”. Por otra parte, no hay una definición específica a priori de “lo que se hace”, ni de las capacidades que debe tener un acompañante para realizar su trabajo, de aquí la flexibilidad de su aportación (Duarte, 2005).

En segundo lugar, “al servicio de una intervención clínica”, significa que el acompañamiento es una intervención, y no un tratamiento, es incluido dentro de un tratamiento como una intervención más, y está sujeto a la estrategia del tratamiento, sea ésta psicoanalítica, psicológica o psiquiátrica.

Mientras el Psicólogo cumple la función terapéutica propiamente dicha, a través de terapias individuales, grupales o familiares, pautando las estrategias adecuadas para ese paciente o grupo en particular, el acompañante terapéutico participa en estos tres ámbitos acompañando al paciente y participando a través de señalamientos de la puesta en acto de esas estrategias.

Al Trabajador Social corresponde evaluar la red social del paciente y eliminar los obstáculos que limitan el transcurrir institucional del mismo. El Acompañante puede aportar información acerca de la red social personal de paciente y motivarlo a resolver aquellas cuestiones administrativas que limiten su recorrido institucional (Dabas, 2000), a la vez que se propone como articulador con el entorno in situ, trabajando el día a día. Mientras que el Trabajador Social trabaja “con la Red”, el acompañante terapéutico trabaja “en la Red” (Sluzki, 1996).

En este sentido, la intervención basada en AT puede incluir los siguientes profesionales: Psicólogo, Trabajador Social, Enfermero, Educador, etc., poseyendo cada uno las funciones propias de su perfil profesional y ejerciendo igualmente de “acompañantes” cuando sea necesario.

Resumiendo, el AT es un dispositivo a desplegar en la cotidianeidad del paciente, ya sea que éste se halle ingresado o realizando tratamientos ambulatorios. La tarea de acompañamiento se realiza siempre en equipo y los objetivos son planteados por el profesional tratante. Representa una continuidad en la vida cotidiana del paciente articulando el tratamiento con el ámbito socio-comunitario. El dispositivo de AT debe formar parte de un tratamiento integral, y necesariamente, estar articulado con una estrategia que incluya factores psicosociales, familiares, laborales y comunitarios (Sluzki, 1996).

Finalmente, el Acompañante Terapéutico intervendrá mediante la palabra, los actos, su cuerpo, en situaciones que el acompañado necesite sostén y contención, permitiendo acercarse a aquellas condiciones que faciliten el tratamiento (Kuras de Mahuer y Resnisky, 2004, 2005). Partiendo de un vínculo positivo y de confianza, las estrategias estarán centradas en la iniciativa del paciente desde una posición acrítica, utilizando como principales herramientas la creatividad y el juego que la intervención en el propio espacio vital del paciente permita.

Más información en el libro:

Acompañamiento Terapéutico en España
Alejandro Chevez
Editorial Grupo 5
 
Alejandro Chevez
Coordinador de Servicios de G5 RPS




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