El blog de Grupo 5

¿Para cuándo el Convenio?

mayo 08, 2013 − by admin − in Editorial − No Comments

La historia del Convenio colectivo de intervención social cada vez se parece más a una “crónica de una muerte anunciada”. Confiamos en que se quede solo en el parecido y pueda llegar a tener un final diferente.

Son ya más de tres años para negociar un convenio que partía de un texto inicial, el anulado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que aunque contenía algunos artículos que debían ser necesariamente modificados, por su declarada ilegalidad, el grueso de su contenido podía perfectamente mantenerse o sufrir las modificaciones y mejoras técnicas que lo hicieran plenamente aceptable para el conjunto de las entidades afectadas.

Trabajamos en un sector de clara vulnerabilidad sometido a una fortísima presión por las Administraciones Públicas que, o bien recortan programas o bien recortan presupuestos, cuando no presionan directamente para modificar unilateralmente las condiciones contractuales de negocios jurídicos vivos y vigentes, en  una clara demostración del “imperium” existente en la contratación administrativa; poco acorde, por otra parte, con los principios liberales que defienden quienes, por lo general,  gobiernan las corporaciones contratantes.

La existencia de una regulación laboral del sector firme, clara y universal, con fuerza obligatoria general, forzaría la autorregulación de la competencia y limitaría la arbitrariedad en la determinación de los costes laborales, en consecuencia evitaría que fueran los salarios quienes sirvieran de elemento fundamental de la reducción de costes. A igualdad de diseños de los servicios  y programas, la competencia se debería establecer en las mejoras de gestión y no sobre las retribuciones de los profesionales, como viene sucediendo.

Las negociaciones  del convenio se introducen periódicamente en laberintos argumentales de los que es difícil salir, por la pertinaz voluntad de algunos de los interlocutores en retrasar reuniones, y comparecer, a las que acuden, con propuestas de revisión de lo ya revisado.

Las negociaciones paralelas, los conciliábulos, los acuerdos bilaterales, que posteriormente  hay que llevar a la  mesa de negociación formal (y real) se han repetido en varias ocasiones.

Sorprende que en un sector tan precarizado económicamente, tan vulnerable a la incertidumbre política, tan inestable laboralmente, tan vorazmente atacado por entidades procedentes de otros sectores económicos, al que el economicismo reinante está sometiendo a subastas y criterios de competitividad extrema, se acepte de buen grado mantener una situación que claramente favorece a quienes cambian la profesionalidad por el beneficio  (llamémosle resultados que suena menos a lucro).

La memoria colectiva de quienes trabajamos en los servicios sociales de la Comunidad de Madrid no ha olvidado, todavía, las situaciones que se han planteado, no hace demasiados meses al producirse  los cambios de entidades adjudicatarias de importantes servicios, y desde luego a quienes no se les ha podido olvidar es a tantos trabajadores y trabajadoras desplazadas de sus puestos de trabajo o que  sufrieron una clara merma de sus nóminas.

La inflexibilidad de posiciones negociadoras, el empecinamiento en la defensa de situaciones particulares y una cierta cultura de “cuanto peor mejor”, que aún existe en determinadas entidades, junto con los cambios legales, que por lo general no suelen venir a ayudar, van abocando la situación a posiciones de difícil reconducción.

Detrás de todos esos movimientos, sorprende ver la actitud de algunas organizaciones que, pese a ostentar un  reconocido prestigio social, bien ganado por su importante contribución a la lucha contra la pobreza y al bienestar de la población más necesitada, afrontan el establecimiento de las condiciones laborales de sus trabajadores,  a través de la negociación del convenio, de modo poco operativo, ya que insisten en  defender criterios extremos, tan pronto por lo escaso, como al cabo por el  exceso. Con ello lo que finalmente consiguen es mantener la inviabilidad de la negociación.

Varias veces ha parecido que el acuerdo final era inminente, hace tiempo que existe mayoría suficiente para ello, tanto en la representación sindical como en la de las entidades empresariales, pero la búsqueda del mayor grado de consenso y aceptación del texto aprobado por el mayor número de entidades concernidas remite la consecución  y  firma del convenio a una nueva demora.

Ahora, en mayo de 2013, tras sucesivos intentos frustrados de cierre de la negociación se nos anuncia como fecha “mágica” de solución del proceso el próximo mes de septiembre… lástima que nadie indica de qué año.

¿No hay nadie con el suficiente sentido común para decir basta ya, queremos un convenio colectivo razonable y lo queremos ya?





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