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Psicología y militancia: encuentros necesarios

junio 15, 2016 − by alozano − in Editorial Grupo 5, Hoy hablamos de... − No Comments

Psicología y militancia: encuentros necesarios es el prólogo de Ana María Jacó Vilela para el libro Patologías de la guerra: trauma, testimonio y olvido de Omar Bravo, que está incluido en la colección Salud mental colectiva de Editorial Grupo 5 y dirigida por Manuel Desviat. Un libro que surge de una investigación que pretendió dar voz a las víctimas del conflicto armado colombiano, y que reflexiona en la línea de que la memoria no sea simplemente un repositorio del pasado, sino que realice una propuesta transformadora.

Disfruta de la lectura.

La historia de la psicología nos muestra que este saber, al ser constituido como disciplina científica ya en el final del siglo XIX, se propuso, por un lado, estudiar al hombre, al sujeto de la ra­zón, en sus características intrínsecas; por otro, intervenir sobre las dificultades presentadas por las formas inferiores de existen­cia. Las mujeres histéricas de Charcot, los niños con edad men­tal inferior a su edad cronológica estudiados por Binet, los pue­blos (y razas) situados en estadios aún primitivos de la evolución que la antropología busca entender para facilitar su dominación —y que Wundt resume brillantemente en su La psicología de los pueblos—, las características físicas de los condenados apun­tando a su atavismo y predestinación al crimen, de acuerdo a lo que Lombroso enseñó; en fin, en todos estos momentos fue clara la elección del lugar al que esta disciplina pertenecía. Des­de su surgimiento, la psicología se posicionó como una ciencia auxiliar de las élites para el dominio de los sujetos y grupos sub­alternos en todos los niveles.

Y ella realizó su tarea —¿destino?— con éxito. Una de las herramientas en ella utilizadas fue su divulgación intensa, al punto de tornarse, durante el siglo XX, como dice Nikolas Rose (2011), una “ciencia social”. No restricta a la academia y/o sus profesionales, sus saberes y prácticas se hicieron presentes en la vida cotidiana y las diferentes instituciones, desde aquellas destinadas a la socialización hasta las que involucran ámbitos profesionales, de placer, de creencias.

Este modelo de psicología perduró, hegemónico e incó­lume, hasta la mitad del siglo XX. No escapó de la ruptura provocada por los diferentes movimientos de la década de los sesenta. No cabe aquí analizar las condiciones que posibili­taron esta ruptura. Nos basta destacar que, en esta década, hubo un nuevo modo de entender a la ciencia a partir del libro seminal de Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, de 1962, de la misma forma que Michel Foucault posibilitó una nueva mirada sobre la locura con su Historia de la locura, de 1964. En la psicología social surgió la crítica a la psicología cognitivo-experimental realizada en los Estados Unidos y entendida hasta entonces, por su hegemonía, como la forma de entender la relación entre el individuo —un ser moral, autónomo, dotado de libre albedrío y, en este sentido, asocial, como lo definió Dumont (1985)— y la sociedad, ca­tegorías claramente distintas. Los movimientos hippie, Black Power, de la contra-cultura, contra la guerra de Vietnam, el Gay Power, la lucha feminista, la Revolución cubana, Mayo del 1968, compusieron el entorno de aquellos cambios en el ámbito académico.

En América Latina, todos estos acontecimientos adquirieron también relevancia. No obstante, aquí fueron acompañados por la forma en que las élites históricamente respondieron a los pro­yectos de emancipación de los sujetos y grupos considerados subalternos: con las dictaduras militares que, apoyadas por los Estados Unidos, reprimieron a las poblaciones en sus tentativas de huir de la colonización y la dependencia.

No todos se callaron. Muchos muertos y desaparecidos, mu­chos torturados fue la herencia que estos regímenes militares dejaron a nuestro continente. Algunos consiguieron a duras pe­nas sobrevivir con dignidad; para otros esto fue difícil, pues su integridad psicológica estaba rota.

En Colombia, esta situación se agravó con décadas de gue­rra civil no declarada —desde el asesinato de Gaitán, en 1948— involucrando a liberales, conservadores, al Estado, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, las guerrillas (principalmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia —FARC—), el narcotráfi­co, entre las diferentes fuerzas en combate o en alianza durante décadas. El resultado fue el mismo de los otros países: muertos, desaparecidos, torturados.

Al mismo tiempo, en todos los países latinoamericanos vi­mos a los saberes y prácticas psicológicas, que antes estaban hegemónicamente del lado de una perspectiva de neutralidad científica, derrumbar los límites e inmiscuirse en los problemas que más afligían a la población.

Es en este contexto que entiendo la construcción del libro de Omar Bravo que ahora llega al público, Patologías de la guerra: trauma, testimonio y olvido, originado en su trabajo final de pos­doctorado, que tuve el placer de acompañar desde el Programa de Posgrado en Psicología Social de la Universidad Estadual de Río de Janeiro.

Omar revela una especie de insight como punto de partida para las reflexiones que llevaron a este trabajo: el acceso a una serie de fotografías del fotógrafo argentino Daniel Germano, en las cuales se produce un collage de dos fotos, ambas tomadas en el mismo sitio, con alrededor de treinta años de diferencia. En la primera imagen aparecen dos o más personas, en la se­gunda, una o más de esas personas está ausente: había(n) sido desaparecida(s).

Llevado a reflexionar sobre el fenómeno de la desaparición forzada en Colombia causado por los años de guerra y conflicto social, Omar, inicialmente, en el Capítulo 1, nos presenta una historia de este país, planteada desde una lectura personal de los hechos. Su método general de trabajo es el de una inves­tigación-intervención, posibilitada por el uso de la metodología de la historia oral. Oír al otro contar su historia puede no ser solamente una recolección de informaciones cuando posibilita el pensar sobre la historia contada por ambos actores, entre­vistador y entrevistado. De esta forma, el autor conversa con familiares de desaparecidos en tres grandes acontecimientos de la historia reciente de Colombia: el aniquilamiento del movimien­to político de la Unión Patriótica entre las décadas de 1980 y 1990, el ataque al Palacio de Justicia, en noviembre de 1985, y la denominada “masacres continuadas”, sucedida en la ciudad de Trujillo. De esta forma, la investigación se torna también in­vestigación-participante ya que, más allá del contacto personal con los familiares entrevistados, Omar participó de manifestacio­nes y actos políticos relacionados a los tres eventos, como nos relata en el Capítulo 3.

Este libro cuenta una trayectoria de implicación: en la historia colombiana (que también es la latinoamericana), en los acontecimientos funestos que sirven de pretexto para la investigación y en las entrevistas y análisis realizados. Se sostiene aparentemente en la discusión sobre memoria. Mas, subyacente a ella, trae la gran cuestión que la psicología ya no puede más esconder: la de la construcción social del sujeto. Es a este sujeto, situado en el tiempo y en el espacio, al que las prácticas psicológicas deben dirigirse, no a una abstracción de carácter muchas veces trascendental.

Trátase, entonces, de un trabajo implicado, distante de la neutralidad que aún marca parte de nuestras prácticas. No es casual que, al ofrecernos, en el Capítulo 2, una rica teorización sobre los temas a recorrer —memoria, trauma, testimonio, ol­vido—, más allá de autores relevantes y conocidos, como Hal­bwachs, Rancière, Arendt, Pollak, Ricoeur, Omar no se priva de utilizar a Martin-Baró en su concepto de trauma social. Este es el concepto central con el que irá a trabajar, pues lo entiende como un producto de la memoria que tiene tanto efectos subjetivos como relativos a un orden político.

El Capítulo 4 es dedicado a las entrevistas. El relato de los contactos presentado en el capítulo anterior permite compren­der mejor el calor intenso que emerge de los discursos de los familiares. No se trata de un desconocido, de un investigador que busca conocer los hechos y los sentimientos a partir de una posición situada a distancia de los mismos. Omar es alguien que se sabe quién es, con su participación en las luchas de cada uno de los grupos.

Por esto, el Capítulo final, el 5, al situar a este debate prin­cipalmente a partir de los diálogos de paz entre el Gobierno co­lombiano y las FARC que ocurren desde el año 2014, puede llevar a una conclusión más amplia. Surge entonces la pregunta: ¿cómo articular subjetividad y memoria, el sujeto y el tiempo, la historia, de forma que la memoria no sea simplemente un repo­sitorio del pasado, sino que realice una propuesta transformado­ra? Transformadora del sujeto y del orden político.

De esta forma, el proceso de reparación en curso en Co­lombia, con su ambigua eficacia en el plano social y político, es analizado también bajo el prisma de lo que significa, de cómo es experimentado por los familiares, reconociendo su imposibilidad de conducir al perdón, al olvido. Porque no se trata de violencia descontextualizada y pasible de ser separada de su ejecutor. Hay un entramado social, económico y político que no puede ser reducido a la cuestión subjetiva de perdonar y olvidar, siem­pre difíciles para la víctima o, en el caso en cuestión, para sus familiares.

En síntesis, este libro cuenta una trayectoria de implicación: en la historia colombiana (que también es la latinoamericana), en los acontecimientos funestos que sirven de pretexto para la investigación y en las entrevistas y análisis realizados. Se sostiene aparentemente en la discusión sobre memoria. Mas, subyacente a ella, trae la gran cuestión que la psicología ya no puede más esconder: la de la construcción social del sujeto. Es a este sujeto, situado en el tiempo y en el espacio, al que las prácticas psicológicas deben dirigirse, no a una abstracción de carácter muchas veces trascendental.

Por todo esto, este es un libro importante para todos los in­teresados en nuestra América Latina y en una psicología com­prometida.

Ana María Jacó Vilela

Universidad Estadual de Rio de Janeiro

Rio de Janeiro, mayo de 2016

REFERENCIAS

Dumont, L. (1985). O individualismo: uma perspectiva antropológica da ideologia moderna. Rio de Janeiro: Rocco.

Foucault, M. (1967). Historia de la locura en la época clásica (Original de 1964). México: Fondo de Cultura Económica.

Kuhn, T. (2013). La estructura de las revoluciones cientíicas (ori­ginal de 1962). México: Fondo de Cultura Económica.

Rose, N. (2011). Inventando nossos selfs. Petrópolis, RJ: Editora Vozes.

Más información:

Omar Bravo es también autor en Editorial Grupo 5 del libro: Las prisiones de la locura – La locura de las prisiones





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