El blog de Grupo 5

Programa ANI: un hogar para volar

enero 30, 2018 − by sara − in Sin categoría − No Comments

“Estuve trabajando 24 años en una agencia de marketing llevando equipos de reparto de publicidad. Me quedé sin trabajo, me desahuciaron y por supuesto, luego me lo cobraron. Estuve viviendo en un coche hasta que vinieron los Servicios Sociales”.

Pilar, una mujer que refleja destreza, seguridad y tranquilidad. Nos abre la puerta con su ropa deportiva de andar por casa. Y la casa huele a hogar; ráfagas de olores a productos de limpieza de hogar y recién ventilada. Pilar nos enseña la luminosa y diáfana cocina, -el salón no os lo enseño que ahora vamos a estar allí-, el baño y su habitación. Una habitación vestida por un armario del suelo al techo. Lo abre. Ordenado como si se tratase de una exposición. A las otras habitaciones no entramos porque claro, no son mías.

Accedemos al salón. Dos sofás dispuestos perpendiculares entre sí forman un cuadrado con la tele y una terraza. “Casi todos los pisos tienen terraza, porque al ser pisos de alquiler privado pero a través de un programa público, tienen una serie de normas, como no poder fumar en el interior. Así la gente que fuma puede hacerlo en su terraza y no tiene que bajar tres pisos”. Pastora García, coordinadora del programa ANI ríe, “bueno, aquí tenemos dos, esa y una en la cocina que no te la he enseñado”. “Chiquitita, pero se puede fumar” le acompaña la anfitriona.

Pilar nos ofrece café.

emergencias socialesDesde el 1 de julio de 2015, Grupo 5 comienza a gestionar los ANI, Alojamientos No Institucionalizados con acompañamiento social para personas sin hogar. ANI es un programa del Área de Equidad de Derechos Sociales y Empleo del Ayuntamiento de Madrid que cuenta con 157 plazas; 100 plazas en pensiones y las otras 57 repartidas en 14 pisos de 3, 4 y 5 plazas. Uno de ellos vinculado a Samur Social para emergencias sociales, que dispone de 6 plazas. Estos alojamientos están dirigidos a población de entre 18 y 65 años -exceptuando el piso de Samur Social en el que admiten menores- con unos ingresos mínimos o un apoyo económico de los Servicios Sociales en torno a los 300 euros mensuales para poder cubrir gastos como la manutención, el aseo o el transporte, ya que el alojamiento y los suministros están totalmente a cargo del programa. Enfocado a personas que no mantengan consumos activos, ni trastornos graves de conducta que impidan la convivencia. “Tienen que tener un nivel adecuado de autonomía, porque tanto en los pisos como en las pensiones, es un programa de máxima autonomía. Las personas viven de manera independiente y nosotros venimos normalmente una o dos veces por semana, según las necesidades que vayan surgiendo. No así en el caso de las pensiones, ya que la exigencia es más baja porque son personas que requieren un proceso más lento, tienen otras necesidades y por lo general, ya han estado en otros programas de la red de atención a personas sin hogar”.

El programa de pisos está enfocado a la prevención del sinhogarismo; es decir, dirigido a personas en situaciones de exclusión residencial que necesitan un alojamiento para evitar entrar en la red de atención a personas sin hogar. Por eso el tiempo que se pretende que estén en ANI es el mínimo posible, facilitándoles herramientas que favorezcan su independencia e inclusión social y residencial.

El programa de pensiones es un programa de desinstitucionalización para personas que ya han estado en la red y han tenido una trayectoria más crónica de sinhogarismo. “Lo que hay que intentar es que la persona no se acomode a una situación que no es real, porque tiene que hacer su vida, pero tampoco que nos quedemos cortos y que al final no se consiga una mínima mejoría. Existe mucha confianza por parte del Ayuntamiento en el trato de estos casos, por eso la gestión de tiempos es más flexible” nos comenta Pastora.

Y a partir de aquí, todo esto es un mundo por ver, escuchar y vivir.

PROGRAMA ANIUna red de coordinación con los Servicios Sociales para intentar mejorar la situación de la persona se activa. En los ANI no existe la expresión tirar la toalla. Ellos comienzan con una fijación como objetivo: que la persona alcance la vida independiente. Pero no siempre se consigue, pues no todas las personas son iguales ni viven la misma situación. Por ello, los ANI saben qué recurso se acerca más a las necesidades de cada uno, y, al igual que otros programas derivan a las personas a los ANI, ellos también derivan a las personas que participan en el programa a otras entidades. Aquí no hay contrincantes sino oportunidades.

“Nosotros no somos un programa de emergencia como tal. Las personas nos llegan derivadas desde los Servicios Sociales, los centros de acogida de personas sin hogar públicos o privados, Samur Social y otras entidades. Nosotros citamos a esas personas para entrevista y validamos si esa persona se adapta al programa, a sus normas, o desestimamos por un motivo fundamentado. En el caso del piso de Samur ellos deciden quién va por un tiempo determinado. Ellos manejan los plazos y realizan la intervención y la educadora o el educador social realizan un apoyo logístico.”, explica detalladamente Pastora.

Pilar y Ana irrumpen café en mano en el salón. El olor a café se mezcla con ese olor a limpio creando un ambiente todavía más hogareño. “¿Tenéis frío?”, pregunta Pilar.

En el caso de Pilar, fue claro: todo partía del empleo. Ella era autónoma, iba a sus médicos, sus cuestiones administrativas, ella sabía organizarse el dinero… No había más historia que la de haberse quedado sin casa. Lo que quiere es encontrar un empleo y salir a la vida. “El equipo educativo a veces detecta problemáticas asociadas que la persona no ve. Pero en el caso de Pilar no. Con ella se ha trabajado solo el empleo”.

Personas sin Hogar, programa alojamientos no institucionalizados Grupo 5Y Pilar continúa. “Yo aquí estoy muy bien porque Ana me mandó a un sitio que salían muchas entrevistas de trabajo. De hecho, empecé a trabajar en un sitio que no salió bien pero que, quiero decir, que yo movía mi CV y sé que puedo encontrar trabajo. Por parte de Cáritas estoy haciendo unos cursillos y, de hecho, me he sacado el certificado de profesionalidad de actividades de auxiliar de almacén y logística”, asiente Pilar, motivada, con ganas contagiosas y mientras hablamos sobre trabajos y anécdotas dice enseguida “pero no solamente te vale la motivación. Te vale que te den un puesto de trabajo para poder vivir”.

El empleo se gestiona principalmente a través de dos entidades: Fundación RAIS Y Fundación San Martín de Porres. Cuando el equipo de los ANI entiende que esa persona necesita empleo en ese momento, que puede mantenerlo y que no lleva consigo dificultades de otro tipo que haya que trabajar primero, se hace un informe de la persona y se le deriva a cualquiera de las dos entidades. A partir de ahí empiezan con citas; la primera cita es grupal, después se les asigna un orientador laboral, y se comienza a trabajar la parte individual. Ese técnico será la mano derecha de la persona y la izquierda del educador o educadora, pues ambos profesionales estarán en contacto directo para revelar conjuntamente las necesidades de empleo, formación y coordinación de la persona. “Tenemos coordinaciones cada cierto tiempo que nos dicen cómo ven a la persona o si no, nos llamamos en el momento y nos contamos” dice Ana Moya.

Ana Moya es una de esas educadoras que apoyan a las personas en esta situación. Esa figura que a veces se piensa invasora, pero nada más lejos de la realidad. Una figura que detecta las diferentes necesidades de las personas y que busca los recursos adecuados en los que se pueda apoyar. Que acompaña sin restar autonomía. “Inicialmente hay una resistencia absoluta, porque claro, hay mucha gente que lo ve como algo asaltante. Entonces tienes que ir despacito, trabajando, hasta que de repente, por arte de magia, se crea un vínculo. Y ese vínculo te deja conocer más sobre su vida, sobre la persona. Tienes que estar ahí. Despacito”. La intervención educativa es uno de los requisitos del contrato. Si la persona rechazase esa condición, no podría optar al alojamiento, ya que el acompañamiento social que presta el equipo educativo es, junto al alojamiento, uno de los pilares del programa. “No es por arte de magia. Ese vínculo se crea por el “trabajazo” que hacen”, corrige Pastora.

Personas sin hogar Grupo 5Pilar, Eric y Alfonso viven en esa casa de Usera, completamente independientes y solos. Hacen su vida. Ellos siguen la normativa, limpian el piso y siguen todas las pautas básicas que cuelgan del corcho de su salón. La educadora responsable del piso les visita una vez a la semana para hacer un seguimiento grupal que sume al seguimiento individual del proceso de cada persona. Y precisamente, en esas entrevistas grupales, se obtiene información muy valiosa para que el equipo educativo sepa hacia dónde tiene que dirigir su atención. “La normativa del piso es muy básica: no tienen horario de entrada ni de salida, pues esto es una vivienda normal en una comunidad normal, pero se les pide que en las horas de la noche no haya ruido. No se permite ni consumo ni tenencia de alcohol u otras sustancias tóxicas, no se puede subir a nadie ajeno a las personas que están en la vivienda. Esto es muy importante y siempre lo explicamos. A todos nos puede apetecer, porque, al fin y al cabo, el tiempo que están aquí es su casa, pero por privacidad, confidencialidad, por respeto al resto de personas, y por seguridad, no es posible. Cosas muy lógicas. Básicamente un poco de respeto hacia los demás y cuidar las instalaciones”.

Salud, empleo, administrarse el dinero, ahorrar y en muchos casos aprender a cocinar o a poner una lavadora. Diez educadoras y educadores sociales y una coordinadora, trazan el mapa para poder llegar a las 157 personas y contornear un programa personalizado con cada una de ellas. Acompañan a las personas al médico si es necesario, a las administraciones públicas para las gestiones de sus prestaciones, a la búsqueda de piso si esta no estuviera al 100% segura; en definitiva, a través del apoyo prestado se convierten en una guía, pero desde una posición de fomentar la autonomía y la independencia, pues su objetivo es el desenganche de la red de personas sin hogar, “porque es una red que tiene muchos recursos y es peligroso no salir de ella” dice Ana. Llegan a todo lo que pueden para generar oportunidades.

Y aunque, como en un momento se señala, no se admiten consumos activos, los ANI no ponen límites al aumento de la calidad de vida. Por eso, a muchas personas que tienen un problema de consumo que en un primer momento no es detectado, no se les deja con las maletas en la calle, sino que se les escucha, se habla con ellas. Y se les motiva para solucionar ese problema. Se les acompaña al CAD (Centro de Atención a las Adicciones) o al centro correspondiente para abordar sus adicciones. Tampoco hay filtros para la enfermedad mental, ya que cualquier persona que tome su medicación y siga su tratamiento, acuda a sus citas y no tenga un trastorno que impida la convivencia es admitida. “Acompañamos a Salud Mental como acompañamos a quien le duele la cadera. Para nosotros es lo mismo. Pero este no es un recurso de salud mental, eso también hay que tenerlo en cuenta” señala Pastora. Al igual que no trabajan temas familiares de forma directa ya que como dice Ana, “nosotros no podemos abrir heridas que luego no estemos preparados para cerrar”. Sin embargo, también en estos temas apoyan y acompañan a demanda de la persona.

Se oye la puerta y aparece Eric. “¡Qué sueño! Acabo de venir de trabajar” expele mientras entra en el salón. Eric trabaja cuidando a un señor mayor por las noches, pero viene con una buena noticia: acaba de encontrar trabajo en unos grandes almacenes tecnológicos. “Es el ojito derecho de la Anita” dice Pilar.

Eric es uno de esos chicos jóvenes derivados. Viene con más noticias sobre su vida y añade en un tono ocurrente, amable y caluroso “voy a escribir un libro sobre mi vida. Lo leería mucha gente, ¿eh?”.

Personas sin hogar Grupo 5Se sienta con su sudadera de la cadena MTV y defiende con garras que no es pijama, que es una sudadera. Apoya las manos en sus rodillas y sin decir nada, arranca a hablar: “yo creo que esto es algo que te ayuda a no estar en la calle. Yo he cambiado mucho, antes era súper tímido, no hablaba con nadie, porque yo lo he pasado muy mal. Y aquí he perdido el miedo a hablar en público, he hecho entrevistas de trabajo, que antes me daba muchísima vergüenza, y ahora… (se ríe). Es que te cambia la vida. El día que me vaya yo les hago un monumento… Te lo juro (resopla), no sé cómo agradecerlo. Te ayuda a quitarte los pesos, es como que no tienes que estar pensando ¿dónde voy a ir? Pues tienes una casa, pero que tampoco te puedes acostumbrar porque aquí nadie, bueno por lo menos yo, no me acostumbro. Esto es una etapa, que es para tu vida, para mejorarla y punto. No sé cómo explicarlo. La verdad es que, si esto no llegara a existir, no sé qué sería… Acabo de conseguir trabajo y ahora a ahorrar y a volar”.

Ana le mira sonriente y añade, “bueno, Eric antes era un yo me quiero ir, yo quiero una vida normal, pero que al final es aceptar tu situación; la red de personas sin hogar, que no puedes subir a sus amigos, y al final pues claro, es diferente. Es complicado no poder decir a tus amigos dónde estás”.

Trabajar con jóvenes. Una situación totalmente diferente a trabajar con adultos. “Hay que trabajarlo desde otro lado. Porque si no, no funcionaría. A ver, para todos es lo mismo, pero es verdad, que tienes que tener otra visión con los jóvenes. Porque son chavales que vienen muy dañados y con la edad que tienen ya están en la red de personas sin hogar. Si queremos hacer un trabajo enfocado a que tengan una vida como la de cualquier persona de su edad, pues hay que ocuparse desde otro lado, porque si no, aguantarían aquí 15 días”, declara con empeño Ana.

“Cuántas cosas vas conociendo, cuántas cosas vas aprendiendo. Cada persona es un mundo y nos tenemos que adaptar a él”. Y de eso se trata. De adaptarse, de detectar, de trabajar y de buscar. De naturalidad de la buena, sin anomalías ni extravagancias, de confianza y sinceridad.  Se trata de autonomía y de salir de una red. De aconsejar, de fomentar el respeto y la convivencia, de movilizar a la gente. “Crear un engranaje para que, al hacer, clic, todo vaya surgiendo”. Se trata de aprender a volar.

 

 

 





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