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¿Ofrecemos lo que necesitan?

abril 26, 2018 − by sara − in Grupo 5 al día, Hoy hablamos de... − No Comments

El pasado 19 y 20 de abril, en el XI Congreso Asociación Madrileña de Salud Mental, el Centro de Día Espartales Sur, perteneciente a la Red Pública de Atención a Personas con Enfermedad Mental Grave de la Consejería de Políticas Sociales y Familia y gestionado por Grupo 5,  presentó dos comunicaciones sobre salud mental. Os ofrecemos un resumen extenso de la primera de ellas, un estudio muy interesante sobre la intervención del centro:

Cuidados: ¿ofrecemos lo que necesitan? Incorporando y dando voz a sus necesidades y experiencias.

Que una persona se recupere significa que las personas de su alrededor también se tienen que recuperar; la relación desigual de dependencia entre la persona y su red social durante tiempos de mayor angustia debe cambiar.

No es extraño escuchar en torno a la cínica de la esquizofrenia que “la gente con psicosis prefiere estar sola”, entendiéndose el aislamiento como una característica propia de la enfermedad. Consecuentemente, las posibilidades de intervención relativas al trabajo de la interacción con familiares, amigos y profesionales quedan recudidas y casi anuladas, borrando esperanzas sobre la recuperación y/o fortalecimiento de las redes sociales de la persona enferma.

Por tanto, el aislamiento es una causa de la nueva identidad que asume la persona que sufre y que culmina en una interiorización del estigma que les lleva a confirmar la asociación unívoca de diagnóstico e identidad, con la posterior discriminación fruto del nuevo rol de enfermo mental que cierra el círculo de la discriminación y el auto-estigma.

Sin embargo, estudios recientes nos dan una perspectiva esperanzadora, pues señalan la participación activa en la comunidad como uno de los puntos principales a tener en cuenta en la intervención. El modelo de recuperación, debe actuar sobre los derechos de las personas con enfermedad mental, así como incidir en la mejora de las condiciones ambientales que existen en torno a ellos. Una forma más de intervención es conocer las experiencias de estas personas, permitirles expresarse y tener en cuanto su punto de vista.

Tal y como describe Mezzina et al., es necesario atender a la personas en proceso de recuperación como un todo compuesto de tres esferas: la persona, la interpersonal  y la social:

En la esfera personal, el autocontrol es considerado el factor central, referido al manejo de los síntomas y de los acontecimientos vitales rutinarios; en definitiva, de recuperar el control de su propia vida.

En la esfera interpersonal, se describen tres formas de relación que favorecen la recuperación:

  • “Estar ahí”, que los profesionales mantengan una relación estrecha con la personas, pero sin que recaiga en ellas una presión de cambio y que los familiares se mantengan unidos en todas las fases de la enfermedad.
  • “Hacer más” de los objetivos de tratamiento establecidos: más tiempo, más atención y en cuanto a los familiares, una mayor permisividad.
  • “Hacer algo diferente”, anteponerse a las necesidades y capacidades de la persona, así como negociar las intervenciones y modos de hacerlas.

La esfera social se centra en la inclusión en el contexto comunitario, desarrollando un rol de agentes activos que eligen desarrollar amistades y actividades de forma autónoma. Las posibilidades que ofrece un buen desarrollo de esta dimensión, es la adquisición de nuevos significados tanto de uno mismo como del mundo, que permiten la reconstrucción de la identidad previa dañada por el estigma. Cambiar el rol de “enfermo mental” a un rol de persona activa en la comunidad.

Está claro que la sociedad coexiste en el proceso de recuperación y para tal fin, se ven imprescindibles figuras de apoyo tales como familiares, pares o profesionales.

Nuestro objetivo era conocer las áreas deficitarias en el Centro de Día Espartales Sur con el propósito de acercar la intervención a las necesidades tanto individuales como grupales de las personas atendidas, fomentando la participación de la persona usuaria y conocer el grado de satisfacción de estas en cuanto a la intervención.

El estudio se realizó gracias a la participación de 25 personas usuarias, 6 mujeres y  19 hombres, con una edad media de 48 años que llevaban más de un año en el centro. Se les repartió un cuestionario de necesidades y satisfacción dividido en dos partes: datos sociodemográficos y estudio de satisfacción en torno a las tres dimensiones planteadas por Mezzina Et al: personal, interpersonal y social.

Se observa que, en promedio, los usuarios evaluados se encuentran satisfechos con respecto a su esfera personal e interpersonal, detectando mayores dificultes en el ámbito social. Asimismo, se encuentra un incremento en la satisfacción respecto con su vida comparando el momento de la evaluación con el previo a su entrada a los recursos.

XI Congreso Asociación salud mental

Los datos que proporcionan los usuarios respecto a su esfera personal se traducen en un sentido de participación en los procesos de su intervención (negociación del horario, objetivos), así como la creencia de que los apoyos que se ofrecen desde el Centro de Día le ayudan en su recuperación; sin embargo, identifican dificultades en torno al afrontamiento de situaciones estresantes.

Atendiendo a la esfera interpersonal, se refleja una alta satisfacción con el trabajo realizado por los y las profesionales, destacando sobremanera la confianza que les transmiten y la implicación con su proceso de cambio. Sin embargo, no es tan alta la satisfacción si fijamos el foco sobre la familia, observando que, si bien se muestran satisfechos con el apoyo que les ofrecen desde que se encuentran en el recurso, no sienten por su parte la comprensión de su enfermedad, teniendo por ello dificultades para apoyarse en ellos en los momentos más críticos.

Finalmente, la esfera social es la que permanece más dañada, destacando la ausencia de amistades ajenas a los recursos de salud mental, así como la baja frecuencia con la que comparten actividades de ocio con otros compañeros o familiares. También es reseñable la escasez de valoraciones positivas que reciben de los demás acerca de su recuperación, lo cual parece generar un elevado grado de insatisfacción. No obstante, rescatan el sentimiento de pertenencia al grupo, además de la gratificación que obtienen al ayudar a los demás compañeros.

CONCLUSIONES

Con la mirada puesta en tales directrices, cuyo propósito no es otro sino aumentar la calidad de la atención, y siguiendo la clasificación de Topor et al. (1), a continuación, se muestran diferentes propuestas que orientan la intervención a un “hacer diferente”, “hacer más” y a “estar ahí”. El objetivo último sería dotar de consistencia dicho trabajo y que esta forma de atender las necesidades y áreas de satisfacción de las personas atendidas en recursos de rehabilitación, tenga un mayor alcance.

En lo que al “hacer diferente” se refiere, los usuarios consideran que es necesario identificar de manera más explícita su responsabilidad e implicación ante el proceso de recuperación.

Asimismo, las relaciones sociales siguen siendo una asignatura pendiente en el proceso de rehabilitación. Las personas usuarias demandan una intervención que les posibilite fomentar sus redes sociales más allá de los centros asociados a la red de Salud Mental.

La necesidad de recibir más atención y compartir más tiempo con otras y otros compañeros y profesionales, y poder hacerlo en un entorno diferente al del centro, se encuentra dentro del “hacer más”. Las personas usuarias valoran las actividades realizadas en el entorno (entre ellas, las excursiones) como muy positivas. También parece oportuno destacar la diferencia percibida en cuanto a ser escuchados, entendidos y apoyados por los profesionales, por lo que tomar conciencia de esta distinción, en función de los objetivos de la intervención de cada persona, es muy importante. Finalmente, la familia parece ser en ocasiones un disparador de situaciones estresantes, lo cual dificulta las relaciones entre ellos. En la medida en que se pudieran incrementar las intervenciones familiares dentro del proceso rehabilitador de las personas implicadas, mejoraría el clima familiar.

El último punto, lleva irremediablemente a hacer explícito el “estar ahí”, pues si las tensiones familiares son focos habituales de conflicto en los usuarios atendidos, resulta complicado que encuentren en ellos figuras de apoyo y de confianza. Para finalizar, en lo que respecta a los profesionales, las personas usuarias creen que sería de ayuda en su proceso de recuperación que desde el centro se explicitase que tienen la posibilidad de asistir al mismo sin necesidad de cita previa en caso de que así lo requieran, pues si bien parece una norma implícita que se da por asumida, no todos la tienen en cuenta y podría ser de gran utilidad en situaciones de crisis.

 

Natalia Rabanal Alascio. Psicóloga Interna Residente del Hospital Universitario Príncipe de Asturias. Alcalá de Henares.

Alberto Prieto Arévalo, Psicólogo.

María Teresa Ruiz Jiménez, Directora del CD Espartales Sur junto con el resto de equipo profesionales de dicho centro.

Equipo multidisciplinar de la Red Pública de Atención Social a personas con enfermedad mental grave, Consejería Políticas Sociales y Familia. Grupo 5





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